“Quiero contar que esta mañana en Casa Piedra será mi último panel de hombres. Nunca más voy a asistir a un panel donde selectivamente se excluya a las mujeres”, dijo ayer el diputado de Revolución Democrática Giorgio Jackson en Icare. Y dejó a la audiencia, compuesta casi complemente por hombres, pasmada. No hubo muchos aplausos.

Lo habían invitado a hablar sobre las perspectivas políticas del 2016 y Jackson terminó hablando sobre exclusión de género. ¿Por qué es tan importante?

Probablemente muchas personas pensarán que lo de Jackson es una anécdota. Algunos dirán que en lugar de decirlo podría simplemente no haber ido, lo encontrarán incluso pasado para la punta. Una exageración. Una tontera.

Es importante por dos motivos. Primero, porque visibiliza la necesidad de representación, participación y voz de las mujeres en diversos ámbitos. Hoy se discute cómo educamos a las nuevas generaciones en ciudadanía y participación, pero poco hacemos por hacer valer esa voz en lo público. Debemos dejar de considerar normal que sólo los hombres tengan cosas importantes que decir.

Nunca más voy a asistir a un panel donde selectivamente se excluyan a las mujeres.

Y segundo, porque lo que hizo el diputado es lo que todo hombre (y toda persona) realmente feminista hace: pasar del discurso a la acción. Si bien es cierto que todas las palabras de apoyo a la causa son válidas, la realidad cambia con acciones concretas. Ya lo decíamos hace casi un año: “no buscamos sólo una palabra de aliento hacia la lucha de las mujeres, sino que esperamos que los hombres se comprometan activamente en la búsqueda de una sociedad más igualitaria y justa, renunciando a los privilegios que han recibido gratuitamente y sin una razón justificada más allá de la tradición”.

La exclusión de las mujeres en las discusiones públicas tiene un poderoso aliado: todos esos hombres que no se cuestionan (ni cuestionan a quienes los invitan) asistir a un panel compuesto exclusivamente por hombres. Varios de esos hombres se declaran feministas, pero una cosa es pedir derechos para el resto y otra muy distinta renunciar a los propios privilegios.

El machismo imperante en la sociedad se basa, justamente, en el desequilibrio entre los derechos que se niegan a las mujeres y los privilegios que se le aseguran a los hombres,desigualdades que no corren por carriles separados, sino que se posibilitan y potencian mutuamente.

Lo que hizo el diputado Jackson es explicitar esta tensión: no hay feminismo posible sin que los hombres renuncien a los privilegios que el machismo les ha otorgado.

Desde Panel de Hombres nos ponemos de pie, aplaudimos la iniciativa del diputado Jackson. Pasar del dicho al hecho no es fácil, sobre todo cuando esto implica la renuncia a sus privilegios. Hacemos un llamado a todos los demás hombres que se declaran feministas, que incluso aparecen en campañas por la igualdad de género, a hacer lo mismo: pasar de las palabras a la acción, que sus discursos se hagan carne y que no sólo prediquen el feminismo, sino también que lo practiquen.

Artículo de opinión de Panel de Hombres publicado originalmente en Quinto Poder.