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Donde no entra la mafia: Entrevista a una prostituta – Parte II

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Puedes leer la primera parte de este reportaje aquí

Ana (Charlotte, para sus clientes) continúa relatándome los detalles de su vida como prostituta de casa, una posición privilegiada y poco común dentro del espectro total de ese negocio.

Hasta ahora sólo hemos hablado de las razones por las que ella tomó este camino, pero poco a poco empezamos a abordar las partes más difíciles y controvertidas.

EL PRECIO A PAGAR. LAS MENTIRAS. LA DOBLE IDENTIDAD.

A: Si yo le cuento a la gente que soy puta, adiós. Pero adiós, eh. Adiós a un montón de personas en mi vida. Por mucho que yo les explique todo esto. Incluso… no sé cómo serás tú de abierta de mente pero si una muy amiga tuya te dijera esto, seguro que te preocuparías por ella.
(…)

eye-716008_1280E: ¿Cómo te afecta eso?

A: Eso es lo peor que yo llevo. De verdad, llevo peor eso que el abrirme de piernas con alguien o que comerle la polla a un tío, tres veces peor. (…) Yo llevo mal la doble identidad. Porque tengo que montar unas pirulas con todo el mundo… con mi ex. Todas las tías en este mundo tienen novio. Todas mienten. Imagínate lo duro que es. (…) Y me imagino la situación de mis otras compañeras, que lo único que quieren es que les den un poquito de amor y tener que pedirlo, decir “necesito más amor del que me sueles dar, por favor, porque estoy agotada de esto”. Y no lo puedes contar. (…)

E: ¿Qué pasó con tu ex?

A: Nosotros terminamos por otras cosas que no tienen nada que ver. Pero igualmente sí hubo un momento dado en que yo me envalentoné y dije: “¿Por qué no lo tiene que aceptar? ¿No es una persona que me quiere?” (…) Se lo intenté contar una vez pero se puso como un loco.

Ana me cuenta que todas las personas de su entorno creen que ella trabaja en un hotel, cobrando menos de lo que cobra en realidad. Sólo dos personas muy cercanas conocen la verdad, e incluso ellas tuvieron ciertas reticencias a la hora de aceptarlo. De hecho, Ana no cree que lo hayan hecho del todo.

E: Hay dos personas que lo saben, me has dicho. ¿Qué tal reaccionaron?

A: Curioso. Yo vengo de un sitio muy jodido, muy pobre, ¿vale? Un barrio muy pobre. Mi amiga del barrio se preocupó. (…) Lo aceptó, pero se preocupó, lo que hablábamos antes. Mi otra amiga que ya es más de ciudad sí que lo acepta pero… (…) Aún no he encontrado a nadie que lo acepte sin más. Tú parece que sí, pero eres una persona que no me conoce, no tienes un vínculo sentimental conmigo. Y eso es jodido.

E: Qué duro. ¿Puede que eso haga que crees más vínculo con las chicas con las que trabajas?

A: Sí. Por eso a una chica de allí también le es más difícil salir. Una chica que no reflexione tanto, a lo mejor.

E: Claro, es que al final son tus amigas. ¿Hacéis vida fuera? ¿Quedáis para tomar algo?

A: Sí (…) Pero es absolutamente cerrado. Incluso hay algunas chicas (que es totalmente respetable) que no las puedes saludar por la calle. (…)

E: Me estabas hablando antes de tu exnovio, no sé si terminasteis por esto…

A: No, se terminó por otras cosas, por la forma de relacionarnos que tenemos las personas. Pero a mí muchas veces me habría gustado contárselo a él porque es un pilar muy fuerte de mi vida, y no se lo puedo contar porque es un hombre. Que se lo cuentes a una amiga tuya, a una tía, todavía. Pero que se lo cuentes a un tío, que son tan posesivos, en plan “¿Que mi novia es puta?” (…) Hay una chica que ya es más mayor y toda su familia lo sabe, y a todas nos conciencia porque todas tenemos problemas con los chicos en este ámbito. Dice: “es que vosotras no tenéis que aceptar esto, tenéis que aceptar a un tío que os acepte“, y tiene toda la razón del mundo. Pero eso es muy difícil. Y a ver, yo también comprendo a la persona que vaya a estar conmigo. Que con todo el juicio y prejuicio que hay en cuanto a este mundo, tiene que tener una preocupación…

Esa preocupación de la que habla Ana, que pueden sentir tanto amigas como parejas, parte en muchas ocasiones de un desconocimiento de los verdaderos peligros a los que ella puede llegar a enfrentarse.

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A: Yo he tenido tres malas experiencias. Con todos los clientes que he tenido, es muy poco. A uno lo echamos porque vino borracho, no nos dimos cuenta. Entró conmigo en el cuarto y se sobrepasó un poco, me cogía con fuerza. Nada, a la puta calle. Otro, lo mismo, no venía borracho pero hasta que no empiezas a tener sexo con el cliente no sabes cómo es él. (…) Era muy bestia, muy bruto. Mi perfil tiene doble filo, porque soy la más joven (…) Otra vez me vino uno, que era tipo pederasta, que… puto terror, a ése no le cojo más tampoco, me dijo: “Por favor, dime que eres una niña de 15 años“. (…) Yo atraigo a este tipo de clientes. Mi cliente es muy mayor, de 40 para arriba. Todos están un poco pirados…

Resulta muy duro oír estas palabras, sobre todo al intentar entender qué lleva a una persona a desarrollar esas necesidades o impulsos. Estamos llegando, poco a poco, al núcleo de todo esto.

POR QUÉ SIGUE EXISTIENDO LA PROSTITUCIÓN

E: ¿Qué tipo de cliente tienes?

A: Volvemos a los perfiles. Mi perfil: chica dulce, joven. ¿Quién me viene a mí? Tío que está hasta los huevos de todo, que tiene una soledad encima que no se aguanta y quiere cariñitos, mimitos… (…) Por mi tipo de perfil, ojo. Otro tipo de chica, que está en la noche, ni de coña. Le viene el cliente borracho asqueroso que va a metérsela por detrás y a hacerle de todo. A mí no. (…) Yo, por ejemplo, tengo un cliente que me paso dos horas hablando con él. Me paga 220€ por dos horas de conversación.

E: O sea que es básicamente alguien que te escuche.

A: Sí. También, ¿por qué existe tanto la prostitución? Porque la gente no sabe relacionarse. De ahí el tema del poliamor: no sabemos relacionarnos, para nada. No digo que el poliamor sea la solución, aunque yo esté a favor. Hay que seguir investigando, reflexionando. (…) Yo lo noto muchísimo, la gente está súper sola. Le haces así, una caricia, y flipan. Un beso…. yo beso mucho a mis clientes, no tengo manías con eso, y flipan, dicen: “¿pero qué es esto?” (…) Y muchos están casados, porque tampoco nos engañemos, el tío que va de putas es casado. Pero es que hay tan mala gestión de las relaciones en esta sociedad que la gente está muy sola incluso teniendo pareja. (…) Mi jefa, que es muy inteligente, intenta que todas las chicas seamos así. ¿Por qué? En parte por nuestro bienestar, porque mejor que ofrezcas a un cliente dos horas de hablar a que te abras de patas. Pero además, ¿qué pasa con ese cliente que pasa dos horas hablando contigo? Que viene todas las semanas a por ti. Y es el que mejor paga. Tú no eres una puta ya, tú eres una psicóloga. Fíjate cómo cambia el rol.

E: Desarrolla una relación emocional contigo. ¿No te ha dado nunca problemas eso?

A: Con el cliente que te acabo de contar, sí. Ahora me está dando algo de problemas porque él quiere un poco más. Cuando tú entras en una habitación con un cliente, siempre todos te preguntan lo mismo: “¿Te llamas Charlotte o te llamas de otra forma?” Si tú le dices que te llamas de otra forma, estás teniendo una relación personal con él. Charlotte es una identidad que no existe, que está ahí y que te ayuda. O que se abre de piernas para ti, o que habla contigo, pero ésa es Charlotte. No Ana.

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Según seguimos hablando del muro divisorio entre Ana y Charlotte, va haciéndose clara la importancia de usarlo no sólo como recurso para proteger su identidad, sino como algo más profundo: un salvavidas que marca la diferencia entre “me gano la vida como prostituta” y “soy prostituta”. Esto requiere un ejercicio constante de cuestionamiento y análisis del que Ana es muy consciente.

E: ¿Te resulta conflictivo en tu vida personal, a raíz de haber empezado con esto, el concepto del sexo? No sé si se ha redefinido para ti, ya no sólo el sexo, sino la intimidad, porque estás ofreciendo a desconocidos el mismo tipo de apoyo que ofrecerías a tu pareja o a tus amigos. ¿Se difumina?

A: Yo he notado empoderamiento. Muchísimo. Yo ahora me siento una tía súper fuerte, segura, sé lo que me gusta sexualmente, íntimamente (…) Aunque todas las chicas con las que yo he hablado dicen que cuando empiezas te sientes así… pero capacidad para reflexionarlo, ya es más difícil.

E: Estás autoanalizándote todo el rato.

A: Sí. (…) Yo ahora me siento así: jodida por la otra parte pero también muy fuerte de poder decir “me estoy enfrentando a un montón de mierda para tener dinero y salir adelante”. Lo que hablábamos al principio: ¿por qué coincide que todas las tías de este mundo tengamos traumas y hayamos llevado una vida difícil? Porque una tía que ha llevado una vida difícil, o acaba muy jodida o tiene dos pares de cojones.

E: Si naces cómoda continúas cómoda, no tienes razón para salirte de la burbuja.

A: Y cuando no sales de una burbuja, prejuzgas un montón, estás en contra del cambio. (…) Romper ese cristal es muy jodido. Todo el mundo quiere estar cómodo. Incluso tú y yo, que aparentemente estamos diciendo que nos va lo salvaje, también queremos estar cómodas. La comodidad es la corrupción de todo el mundo. Y cuidado con lo que te hace sentir cómodo.

Sin saberlo, Ana me recuerda la importancia de cuestionarlo todo, y señala aquello que no muchos se atreven a ver: que el conformismo es la esclavitud del privilegiado; de quien puede elegir, pero deja de hacerlo.

LAS SOLUCIONES

E: ¿Tú dónde te posicionas en cuanto a legalizar o no la prostitución? (…) Es decir, tú estás genial, pero hay tías que están pasándolo mal… ¿crees que la legalización soluciona eso?

A: Sinceramente, no lo sé. Y aunque te parezca cobarde, ni me quiero mojar en eso. Porque… ¿has visto The Wire? Hay una temporada en que en un barrio deciden hacer algo llamado “Hamsterdam”, que consiste en legalizar la droga. Todo de puta madre, se reduce la violencia, porque la gente se vende entre sí, no está la mafia contra la mafia, todo súper guay. Por x motivo siempre aparecen problemas. “Hamsterdam” acaba cayendo y ahí se queda. La vida para mí es así. Puedes legalizar la prostitución… a mí hay cosas de legalizar la prostitución que me parecen preciosas, otras que me parecen mierda, pero vete tú a saber lo que pasa. Por eso no quiero dar mi opinión, pero bueno, porque yo soy así: no hables del futuro porque no tienes ni puta idea de lo que va a pasar. Y ya está. Sí creo que todos los prejuicios sociales deberían extinguirse, pero más que legalizar o no la prostitución, yo creo que debería educarse mejor a la sociedad en cuanto a la forma que tenemos de relacionarnos.

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E: (…) O sea, la prostitución desaparecería en el momento en que enseñas a la gente a relacionarse porque no lo necesitas.

A: No, no lo necesitas. Pero bueno, utópico. Muy utópico. No hay que ser tan… porque no va a ser real. (…)

E: Ya… Entonces, a lo mejor una persona que quiera solucionar esto hace más dando charlas en colegios o institutos sobre cómo relacionarse de forma sana que intentándolo por la vía legal, digamos, ¿no?

A: Sí, ayudas. Es una ayuda muy importante, al igual que este artículo o que otros artículos. Informar siempre es bueno. Pero no hay que ser tontos. ¿Vas a cambiar a todo el mundo? Ni de coña. (…) Pero si la gente no se sintiera tan sola, esto no tendría cabida en la sociedad. Porque claro, es que todos mis clientes están de psicólogo. Todos.

Hablamos de la longevidad de las luchas sociales. Como activista, soy consciente de que todas las grandes luchas son superiores al individuo. Sé que, aunque me pase toda la vida intentando acabar con la violencia de género, por ejemplo, voy a vivir siempre en un mundo en el que seguirá habiendo violencia de género. Ocurre lo mismo con el racismo institucionalizado, o con la propia prostitución. Tal vez por eso el error es ponernos como objetivo la victoria total, en vez de las pequeñas batallas. En parte por eso sigo defendiendo la abolición de la prostitución. Por otro lado, Ana me ha abierto una perspectiva completamente nueva respecto a su origen y posible solución, y pienso que tiene toda la razón: si desde las casas y las escuelas se enseñara a las niñas y a los niños a relacionarse, tal vez no existiría la prostitución.

Llega la hora de irse y ambas nos levantamos y nos damos un abrazo. Han quedado muchos asuntos en el tintero, tal vez más personales, pero éste al fin y al cabo es un tema que nunca acaba. Me despido con ganas de seguir en contacto con ella, porque es una chica encantadora. También me pregunto cómo será su vida en unos años – y espero estar ahí para contarlo.

Este reportaje fue publicado originalmente en Revolution on the Road el (genial) blog de la autora.

Activista, teatrera y viajera española. Busca formas alternativas de viajar que asustan a su familia y escribe sobre ellas en Revolution on the Road