El otro día estaba chequeando en Facebook las novedades que siempre a una la entretienen, y me detuve en una publicación de un amigo en esta red social desde hace un par de años, lo conozco, pero no es alguien cercano a mí o con quien interactúe frecuentemente; sin embargo sus palabras me impactaron.

Él, a quien llamaré de aquí en adelante el  “hombre x”,  había compartido un video en el que una mujer comentaba que los hombres no deberían quejarse de la “Friendzone” porque no todas las mujeres estamos obligadas a caer ante ellos, y que ellos no tienen el derecho de utilizar palabras ofensivas para referirse a una mujer que ha decidido tomar decisiones sobre su cuerpo y su sexualidad de la misma manera en la que ellos lo hacen cotidianamente.

Básicamente, ella realizaba algunos reclamos que no eran descabellados para nada. Pero, no fue eso lo que me llamó la atención, sino lo que el “hombre x” comentaba al compartir el video:

“ JAJAJAJA feminazi…mejor lárgate a la cocina” escribió junto al video.

Me estremeció pensar que aún se nos pueda relegar a la cocina con ese descaro y de manera pública.

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Pero aún me sorprendió más el ver otros comentarios a la publicación de mujeres que se burlaban de la joven del video y de sus cejas: “Que onda la morra con sus cejas”, “No sé si me da más risa las estupideces que dice o sus cejas” decían. Me decepcioné, esperaba que al menos uno de los comentarios reclamara sobre lo que él había puesto, pero no, todos eran burlas.

Casi nunca brindo opinión respecto a publicaciones de las redes sociales que me causan indignación, pero esto no podía pasarlo por alto, tanto el “ hombre x” como las mujeres que lo apoyaban en su burla eran extremadamente jóvenes, tenían un promedio de 17 años de edad pero su conducta parecía de hace siglos atrás.

Decidí darle respuesta diciéndole lo siguiente:

“Estimado “Hombre X”, independientemente del video, me permito comentar algunas palabras.
Me da mucha pena que un hombre joven, inteligente, y  que estudia haga un comentario como «feminazi lárgate a la cocina», ¿es en serio? ¿en pleno siglo XXI? ¿Aún hay personas que quieren enviarnos a las mujeres a la cocina? Como que si por nacer bajo un sexo el destino nos obligara a estar en la cocina. Entiendo que tienes compañeras mujeres que estudian junto a ti, que son valientes, inteligentes y decididas, ¿en serio crees que el único lugar que merecen en el mundo es la cocina?  Seguramente al atacar a esta mujer por ser una mujer, no te imaginaste que también estás atacando a todas aquellas que somos mujeres.

Me gustaría hablarte del término «feminazi»  supongo que entiendes con claridad lo que la palabra «nazi» significa en la historia,  por lo que entiendo que te darás cuenta que ninguna mujer en el mundo ha tomado rehenes a los hombres, los ha ubicado en campos de concentración, los ha asfixiado con gases y los ha convertido en jabones.

Las feminazis no existen, son un invento creado por aquellos hombres que no asimilan la dimensión de perder su rol de opresor.  Sé que con seguridad escuchaste la palabra por  ahí varias veces en tu medio o con tus amigos, lo que es realmente preocupante. Te invito a leer un poco respecto al feminismo y su teoría (sí es una teoría académicamente reconocida), tú que eres hombre y tienes derecho a acceder a un libro y a la educación (y no a estar en la cocina en donde debería estar yo por ser una mujer) podrías encontrar datos importantes, inclusive en el Internet hay información que podría ayudar.

Hay chicas mujeres que comentan esta publicación, también son jóvenes e inteligentes, pero evidentemente aún no conocen de la SORORIDAD. ¿Es en serio chicas? ¿Un compañero dice que las mujeres, por ser mujeres  merecemos estar en la cocina y ustedes solo se quejan de las cejas de la mujer en el video?, las invito a leer sobre la sororidad (aunque sea desde la cocina) porque podríamos ser más solidarias y empáticas entre nosotras mismas.

Este tipo de comentarios también son violencia, siglos atrás las mujeres no teníamos derecho a la educación, no podíamos ser cantantes, artistas, doctoras, astronautas, profesoras; solo debíamos estar en la cocina. Hoy gozamos de derechos gracias a lo que algunos  ignorantemente llaman «feminazis».

Supongo que hoy yo merecería estar en la cocina pero ¡NO!, me resistí, estudié, hice lo que quise sin que nadie me lo impida por el hecho de ser mujer. Me alegra no haberme quedado en la cocina, porque desde luego si lo hubiera hecho no podría dar respuesta a comentarios como este. Por su puesto, mis palabras, con todo el respeto del mundo, solo pretende invitarlos a reflexionar. Ustedes no tienen la culpa, solo somos víctimas de una sociedad que aún cree que las mujeres merecemos estar la cocina, pero ya es hora de que deje de ser así…”

El “ hombre X”  respondió, me dijo que si él debería leer sobre el feminismo, yo debería leer sobre el humor negro, que no debería ser tan sensible. Afirmo que él no era machista, pero que si ofendió a alguien borraría la publicación para dejarlo ahí.

Enseguida la borró, por lo que no pude responder. Pero me tomé el atrevimiento de enviar un mensaje por interno, no tenía el interés de discutir, para nada, sino de invitarlo a reflexionar.

Le hablé de la violencia simbólica, de esa que se pinta como normal pero que está ahí y que es violencia. Le expliqué que no es un chiste, no es humor, no es divertido, es la reproducción de una práctica machista que empieza como un chiste y termina con la muerte de mujeres, que autoreconocerse como “no machista” es bastante, pero que hay que practicarlo para que sea de verdad.

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Publicidad vintage sexista de una marca de café, que promueve la violencia de género como un “chiste”.

Y entonces, parece que mis palabras hicieron ¡CLICK! en el “Hombre x”. Después de lo que le había dicho entendió la dimensión de las palabras “feminazi lárgate a la cocina”, pidió disculpas diciendo que no reflexionó sobre sus palabras antes de ocuparlas y hasta se comprometió a leer algo sobre feminismo e inclusión. ¡Qué alivio! Después de todo, había resultado útil mi intervención.

Él no tiene nombre, es el “Hombre X”, porque bien podría ser Pablo, Pedro, Manuel, Esteban, y las mujeres que lo comentaban podrían ser Ana, Gabriela, Lorena. Podría ser cualquier hombre y cualquier mujer que no ha sido sensibilizado con el hecho de que el “humor negro” y “los chistes” machistas son discursos que pretenden naturalizar la violencia de género, y que todo empieza por una “simple frase”.