Hace un tiempo caminaba a casa en una tarde oscura de invierno santiaguino, tomé mi ruta clásica y comencé a caminar por mi calle favorita, adoquinada y llena de casas de colores que te da la sensación de que es una calle de un pueblo perdido en la ciudad.

La calle estaba sola, pero no me importó y seguí caminando. De repente, sentí la presencia de un hombre detrás de mí.

En automático apresuré mi paso y metí las manos en mis bolsillos buscando algo que pudiera utilizar para defenderme.  El hombre también seguía caminando con paso apurado. Me imaginé lo peor.

Seguí caminando por la pequeña calle, que en ese momento me pareció eterna, rezando porque nada me pasara.

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El hombre apresuró aún más su paso, me adelantó y siguió su camino sin ponerme la más mínima atención. Alivio instantáneo fue lo que sentí.

No me pasó nada y aun así quedé impresionada por el miedo que me inundó en esos segundos, por ese micro infarto que tuve al pensar que alguien podría hacerme daño sólo por ir caminando en una calle que me gusta en camino a casa,  sin deberla ni temerla. Le tuve miedo a un individuo que no hizo ningún intento por lastimarme, acosarme o agredirme

Es triste darte cuenta que vives con miedo y ¿cómo no tenerlo?

Si cada semana aparecen casos nuevos de violencia contra la mujer en distintas manifestaciones.
Si en Chile veo que a Nabila Rifo su ex pareja le arrancó los ojos y la golpeó hasta dejarla inconsciente. Si en Estados Unidos la sentencia para un violador será de sólo 3 meses de cárcel después de ser declarado culpable por violación.
Si en Río de Janeiro un estimado de 30 hombres participaron en la violación colectiva de una adolescente.
Si en Ecuador dos jóvenes argentinas que viajaban “solas” fueron asesinadas.  Si en México una periodista denuncia a la persona que le bajó los calzones en vía pública y recibe comentarios diciendo que ojalá hubiera sido peor.

Casos e historias como estas hay miles, cada día salen más a la luz.

Pero frente a esto nunca faltan quienes dicen: “iba con minifalda, lo andaba pidiendo” “¿por qué estaba caminando sola a esas horas?” “estaba borracha” y muchas más excusas, pero en estos temas no hay justificación que valga.

Si una persona usa falda corta, decide tomar y se le pasan los tragos, es coqueta, disfruta de su sexualidad, camina sola por una calle o se va de viaje sola para disfrutar del mundo, no le da ningún derecho a NADIE para acosarla, violentarla, agredirla, decidir sobre su cuerpo o asesinarla.

Porque si ese fuera el caso ¿qué seguiría? Personas cubiertas de pies a cabeza, gente viviendo una sexualidad reprimida, gente pasando sus días en relaciones infelices.

Personas viajando siempre con alguien más aunque lo quieran hacer solos, la mitad de la población sin la posibilidad de divertirse y tomar alcohol, un transporte público vacío para evitar toqueteos, insultos y acoso.

¿Básicamente una vida de encierro para poder sentir tranquilidad y vivir sin miedo?

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No, definitivamente esa no es la respuesta. Así como no lo es tener un silbato para denunciar un acoso o intento de violación, ni clases de defensa personal. Esas son solo soluciones a síntomas y que no logran curar la raíz del problema.

La solución yace en enseñar que no porque alguien tenga un cuerpo atractivo lo puedes tocar sólo porque se te antojó. Que no porque alguien esté contigo es tu propiedad, que no porque se le hayan pasado los tragos puedes hacer lo que quieras con ella o él. Que no porque alguien te atraiga puedas decirle piropos que nunca te pidieron. Y que sin importar como alguien se vista, no está pidiendo a gritos que tengas relaciones sexuales con ella o él.

Sí, enséñenme a defenderme y denme las herramientas para hacerlo, porque además de hablar sobre el tema y tratar de denunciarlo no hay más que pueda hacer por ahora. Pero mejor aún enseñen a las personas a no violentar, a no agredir, a entender cuando les están diciendo que no es NO.

Pero mientras ese cambio llega, hagamos algo nosotros primero. Desde algo tan sencillo como decirle algo a quién te vea de una manera desagradable, y apoyar a quienes hayan pasado situaciones difíciles o han sido violentados. Vamos a evidenciar a quienes acosan y exigir las herramientas adecuadas a nuestros gobiernos para que estos acosos, violaciones y asesinatos no sigan pasando, y peor aún , no sigan aumentando.

Rompamos con esta cadena de miedo que nos debilita.

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No vamos a dejar de viajar solas, lo haremos en memoria de todas las chicas a las que les han arrebatado su vida por decidir disfrutar un viaje.

No vamos a dejar de disfrutar una relación, lo haremos en honor a quienes decidieron romper con relaciones tóxicas o que no las hacían felices y fueron lastimadas por ello.

No nos vamos a callar, hablaremos más fuerte y gritaremos por todos lados hasta que los maltratos, las violaciones, las crueldades y los asesinatos paren y quienes estuvieron involucrados sufran las consecuencias.