Recientemente, la localidad francesa de Niza prohibió a las mujeres musulmanas ir a la playa usando el conocido burkini, que no es más que una versión del velo islámico en una tela apropiada para el mar y que cubre la mayoría del cuerpo, dejando expuesta la cara, las manos y los pies únicamente.

Esta prenda surge en 2003 como una alternativa para todas las mujeres musulmanas de disfrutar de la playa con mayor comodidad.

Sin embargo, Niza consideró que utilizar un burkini es sinónimo de amenaza a “la buena moral y a la secularidad francesa” así como a “la higiene y seguridad de los bañistas”, aun cuando no existe -ni existirá- prohibición de llevar cruces, kipas u otros símbolos religiosos en espacios públicos. La cruzada francesa por la llamada “liberación de las mujeres musulmanas” oprime a muchas que deciden manifestar su fe llevando el velo islámico.

Una vez más un club de hombres cree saber más sobre lo que es mejor para una mujer que ella misma. ¿Por qué me suena tan familiar esta idea?

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El tema saltó a controversia cuando dos policías fueron fotografiados obligando a una mujer a quitarse el velo en una playa pública. De inmediato salió la comparación con una imagen antigua en la que un guardia mide la cantidad de piel expuesta por una mujer en traje de baño para cerciorarse de que era apropiado. Yo, personalmente, estoy cansada de que siempre sean otros los que decidan qué debe usar una mujer, cómo debe verse, qué es decente y qué no. 

Es tan violento y misógino obligar a una mujer musulmana a usar velo islámico como obligarla a no usarlo.

Mientras en Francia creen que le hacen un favor a las “mujeres oprimidas” en realidad estan abusando de su poder como nación y volviendo mucho más vulnerables a las mujeres que sí son obligadas a usar el velo. Con la islamofóbica medida que prohíbe el burkini están literalmente expulsando a las mujeres musulmanas de los espacios públicos, eliminándoles la posibilidad de disfrutar de un tiempo de distracción.

Imagen de Pictoline
Imagen de Pictoline

Ante la protesta de grupos feministas y asociociones por los derechos de las comunidades musulmanas, hoy la ciudad Villeneuve-Loubet eliminó la prohibición de bañarse con burkini, pero la medida sigue vigente en otras localizadoes de la Costa Azul.

Y es que, independientemente de la posición política de cada quien, que en 2016 exista una ley que obligue a una mujer a desvestirse en público no solo es profundamente sexista sino también despreciable. Aquí estamos hablando de una ley que viola cualquier tipo de autonomía de la mujer musulmana sobre su propio cuerpo. Todas las mujeres merecemos ser tratadas con respeto, y que un policía tenga el poder de hacerte desvestir en público es la viva representación de un trato indigno, humillante y súmamente misógino.

Foto de Fethi Belaid, AFP, Getty Images
Foto de Fethi Belaid, AFP, Getty Images

¿Hasta cuándo vamos a aceptar que se nos someta a un estúpido escrutinio por lo que usamos o dejamos de usar? Por qué mejor los gobiernos no usan esos mismos recursos y tiempo invertidos en inventar prohibiciones absurdas en, de hecho, hacer algo por los derechos de las mujeres que son violentados día a día en Fracia por un sistema que no nos respeta. Medidas como esta solo llevan a la estigmatización de comunidades musulmanas y a una mayor opresión de género.

Si lo que se quiere es abrir un debate sobre lo que representa el velo islámico y si es opresivo o no, entonces debemos dejar que sean las mujeres musulmanas, a favor y en contra, quienes a traves de sus experiencias intercambien opiniones y fijen posición. No prohibiendo el uso del burkini tal como en Arabia Saudita prohíben no llevar velo. Yo como mujer occidental no soy quién para decidir por una mujer musulmana lo que es mejor para ella. Mi trabajo en solidaridad como aliada feminista es permitir que sus se escuchen, asegurarme que tengan la libertad de debatir sobre sus propios asuntos y oponerme a cualquier abuso de poder que pretenda violentar estas libertades.