Recientemente estaba leyendo un ensayo muy bueno del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, sobre feminismo, interseccionalidad y la importancia de ser un padre feminista. Sin embargo, aunque no es el caso de Obama, pude notar cómo la mayoría de los padres que conozco quieren que sus hijas sean mujeres exitosas, decididas, que no se dejen amedrentar y que conquisten todo lo que sueñan, pero no practican el feminismo en otros ámbitos de la vida. Es decir, son papás feministas pero no esposos, hermanos o hijos feministas. 

Muchos de esos papás que educan a sus hijas con principios feministas tratan a sus esposas como si estuviéramos en 1950. Entonces, ¿qué pesa más: la práctica o el discurso?

Día a día vemos como los esposos deciden “ayudar” con las tareas del hogar pero en sus propios términos y bajo sus propias condiciones, mientras la carga más grande recae siempre sobre la madre. Esas mismas parejas valoran en exceso el rol tradicional de la mujer y juzgan cualquier actitud de sus esposas que pueda desafiar el modelo heteronormativo.

-Sí, es importante que su papá sea feminista porque ahora eso es lo que ellas esperan de todos los hombres-Barack Obama

Sin embargo, esos mismos esposos cuando se convierten en padres de hijas mujeres de repente empiezan a predicar ideas feministas: “quiero que mi hija sea financieramente independiente, exitosa, que no necesite de un hombre para hacer su vida”; y un largo etcétera.

Ellos mismo dicen conocer “como son los hombres en realidad” y por eso dicen desear que sus hijas no dependan de ellos. Pero un momento, ¿no son ellos representantes de ese tradicional modelo de masculinidad que dicen rechazar?

Padres del mundo, es genial que quieran que sus hijas crezcan con ideas feministas y que sean mujeres independientes y luchadoras, pero cuando sus hijas ven como su mamá pasa horas en la cocina mientras su papá está viendo televisión, ellas están aprendiendo.

Cuando sus esposas son las únicas que dejan su trabajo relegado por hacerse cargo de cualquier problema en el hogar, las niñas están aprendiendo. Cuando los alaban por “ayudar en el hogar” como si no fuera su responsabilidad sino un favor que le hacen a sus esposas, sus hijas están aprendiendo.

"Los papás no son niñeras, eso se llama criar a un hijo".
“Los papás no son niñeras, eso se llama criar a un hijo”.

Mi punto es que no es suficiente con querer que sus hijas sean fuertes, seguras e independientes. Eso no es compatible con un modelo de hogar que no practica la equitativa distribución de los roles.

Si quieren equidad de género para sus hijas es importante que la practiquen con todas las mujeres a su alrededor.

Ningún padre quiere que su hija gane 0,78 centavos de dólar por el mismo trabajo por el que un hobre gana 1 dólar. ¿Entonces por qué aceptar esa misma práctica con las mujeres de sus empresas? Nigún padre quiere que su hija sea acosada al caminar por la calle o sea tratada como un objeto sexual, entonces ¿por qué adoptar estas conductas con otras mujeres?

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Foto: educate empoweredkids.org

Ser un padre feminista requiere mucho más que inculcarle a tu hija que puede ser todo lo que sueñe. Requiere compromiso y trabajo constante por desafiar el status quo que mantiene a los hombres por encima de las mujeres en nuestra sociedad. Requiere reconocer los privilegios que otorga el patriarcado y cambiar las actitudes que refuerzan el desbalance de poder.

Para tener hijas empoderadas hay que primero empoderar a las madres, a las tías, las abuelas, las niñeras y todas las mujeres que los rodean. No se trata de un discurso vacío. No se trata de decirle a tu hija que ella puede ser todo lo que desee si en el futuro se va a encontrar con las mismas barreras y techos de cristal que limitan a las mujeres hoy.

Para ser un padre feminista hay que ser un hombre feminista, solo así podrán criar hijas independientes, seguras de si mismas y capaces de alcanzar cualquier cima.

¿Ustedes cómo involucran el feminismo en la crianza de sus hijos?