Hace algunas semanas un contacto en Facebook publicó esta imagen. Por supuesto que no me pude contener (aunque sé que son provocaciones) y escribí un comentario sobre lo reducido y fuera de contexto de esas preguntas, pues ¿cómo juzgar los desafíos que las mujeres en todo el mundo enfrentan con una lista de 10 preguntas?

“¿Eres oprimida? En tu país las mujeres pueden: votar, manejar, vestir como quieran, ir a la escuela, divorciarse, tener una propiedad, salir solas, no ser circuncidadas, tener una carrera, elegir con quién casarse, obtener ayuda si son abusadas?
Si contestaste que sí, felicitaciones, no eres oprimida!”

 

Ahora parece que se puso de moda entre los machistas frases al estilo “al menos puedes salir de noche, ¿por qué te quejas?”, como otra manera de silenciar las voces disidentes. De más está decir que es completamente absurdo desestimar todas las desigualdades de género con un checklist que solo refleja algunos de los derechos que solo ciertas mujeres en el mundo poseen.

No, que las mujeres en ciertos países puedan votar no es un privilegio, es un derecho. Y decirnos que si podemos votar, salir de noche o manejar entonces la sociedad no es tan patriarcal, es como decirle a un paciente con un brazo roto que lo que tiene no es tan malo porque hay otra gente que tiene cáncer.

Además, reducir todos los problemas de inequidad de género que viven las mujeres del mundo a diario a una lista de 10 preguntas que solo apuntan a ciertos aspectos es miopía pura, además de incluir mucho clasismo y racismo.

Esto me lleva a la importancia de entender el feminismo como un movimiento interseccional, donde se teorice y valore las experiencias de cada mujer dependiendo de la intersección de sus identidades. Es momento que dejemos de decir que en un país todas las mujeres disfrutan de los mismos derechos o tienen el mismo estatus, porque no es verdad, así lo diga la Constitución. La intersección de raza, clase, religión, habilidad, entre otras, hace que cada experiencia sea distinta y que cada mujer tenga distinto nivel de acceso a derechos, libertades, o sufra distintas opresiones.

Nosotras mismas, como mujeres, tenemos que dejar de juzgar las experiencias de todas basándonos en la propia. Al entender la diversidad y transformar el feminismo en un movimiento más inclusivo podremos dar mejores batallas en una sociedad que nos quiere hacer pensar que poder ir al colegio o votar ya es más que suficiente. Así que yo sí me quejo y me seguiré quejando, aunque pueda manejar, votar e ir a la universidad, porque yo no soy la única y esta lucha no es por mi, es por todxs.