Al leer la interpretación de la chica verde que realiza Roxane Gay, es imposible no verme a mi misma

Interpretando una especie de papel ridículo cada vez que estaba con la familia de mi ex pareja, o con sus amistades. En ese rol me sorprendía a mi misma callandome repetidamente cada vez que algún tema de conversación y las opiniones emergente de otras persona atropellaban mis valores, mis ideales y creencias. Si únicamente me hubiera mostrado indiferente, tal vez no seguiría enfada conmigo misma, pero lejos de quedarme ahí, en reiteradas ocasiones trate de hacerme creer que era yo quién estaba equivocada. En consecuencia, yo quería gustarles y en más de una ocasión he escogido un atuendo pensando en la aprobación de estas personas, jugando a ser una mujer que claramente no era yo, alguien complaciente, con una clara consciencia de sí misma, que por más tiempo del esperado decidí mantener y es que la chica verde hace unas cosas cuando quiere hacer otras.

Sin embargo, todavía hoy siento que sigo siendo este tipo de mujer, aunque no con la misma fuerza, pues las inseguridades, la dependencia y la vanidad forman parte de mi día a día.  Romper con lo que la sociedad espera de uno mismo no es fácil, puede incluso ser autodestructivo, y claramente golpea con distintas intensidades a hombres y mujeres. Cuando una mujer se rebela en contra de las expectativas generadas a su alrededor experimenta pérdidas dolorosas, principalmente en su círculo social, y esto no debe sorprendernos ni debe intentar evitarse, quiero decir,  ninguna de nosotras necesita estar rodeada por personas que aplacan y obstruyen lo que somos. Sin lugar a duda, cuando una chica verde cae, en primer lugar su relación amorosa caerá junto a ella, pues este vínculo ha sido creado en base a expectativas poco realistas que han descansado probablemente demasiado tiempo sobre los hombros de la mujer y es que nosotras, estamos diseñadas centímetro a centímetro, para ser válidas y aptas a fin de no quedarnos fuera del “mercado”.

Importante señalar que no únicamente caerán las relaciones amorosas, sino que existen cantidad de lazos interpersonales que rodean a las mujeres que se verán afectados. Aquí es importante hablar de la amistad entre mujeres dado que, desde que tengo uso de razón, establecer amistad con compañeras femeninas ha sido una ardua tarea, nosotras nos contemplamos las unas a las otras como rivales y aunque esto no es nada nuevo con el paso de los años me doy cuenta de hasta qué punto somos capaces de juzgarnos. Hace unas semanas, mi madre comentaba lo mucho que le gustaba un vestido que luce una conocida colaboradora de televisión, al buscarlo en internet y ver el elevado precio, mi madre espetó: “Esa mujer solo trabaja para vestirse”. Este comentario hacía referencia al hecho de que la periodista en cuestión no tiene hijos y ha dicho en numerosas ocasiones públicamente que no piensa tener. Me quedé ciertamente sorprendida, dos mujeres de éxito con estudios superiores, experiencia profesional digna de admirar, independientes económicamente, procedentes de distintos lugares del planeta, que consiguen lo que para feministas como Virginia Woolf era un sueño y, sin embargo, están diferenciadas por el nexo que arrastramos desde los inicios de nuestra historia: la maternidad.

Apenas acababa de cumplir dieciséis años cuando supe que estaba embarazada, cursaba primero de bachillerato y ni siquiera decidido qué estudios seguiría en la universidad. La reacción de mis padres se caracterizó por la comprensión y la paciencia, no obstante,  fui duramente juzgada por aquellas que consideraba mis aliadas, así fue como quiénes eran tan vulnerables a un embarazo como yo dejaron de ser mis amigas, estaban horrorizadas ante el hecho de que decidiera interrumpir mi embarazo y me reclamaron que debía afrontar la responsabilidad de tener un hijo con dieciséis años. Desde mi experiencia, es totalmente legítimo seguir este camino, pero no era mi caso, yo no quería ser madre y esto no significa que fuera una decisión fácil. Sin embargo, existe la percepción de que la mujer que aborta es despiadada, egoísta e irresponsable y el juicio que se ejerció sobre mí fue doloroso y marcó un antes y un después en mi vida. Pasé semanas deprimida, con dolores en el vientre y sin apenas amigas en las que apoyarme, todavía hoy arrastro secuelas psicológicas de ese aborto y aunque nunca he sido, ni me he considerado una víctima fui claramente juzgada de una manera que no me merecía.

Autoras como Dorotea Gómez Grijalva, maestra en antropología social, afirman que el cuerpo de la mujer es territorio político, idea que así mismo comparte Roxane Gay, dado que este puede considerarse como histórico por encima de lo biológico. Esto es, debido a su exposición y construcción a partir de ideologías, creencias y demagogias que han justificado cultural y jurídicamente su opresión, sometimiento y devaluación a lo largo de los siglos. En consecuencia, la mujer no puede permitirse el lujo del olvido, mucho menos cuando nuestra salud reproductiva sigue siendo un debate nacional liderado en su mayoría por hombres. En la actualidad podemos encontrar en los principales medios de comunicación de España a hombres como Santiago Abascal afirmando que su partido político trabajará para erradicar la “cultura de la muerte”, exclamando que las mujeres no pueden tomar libremente la decisión de interrumpir su embarazo puesto que la “vida” que llevan dentro no les pertenece. De modo que, nosotras hemos de padecer la intervención pública y estatal, además del juicio social. La legislación tiene el poder de decidir por ti en cuanto a tu libertad reproductiva y esto es aterrador, en especial cuando esta es utilizada por partidos políticos para beneficiarse electoralmente, y es que el aborto es tópico de campaña electoral, lo cual lo convierte en una moneda de cambio, en un derecho negociable que irremediablemente convierte al cuerpo femenino en un asunto legislativo.

Todo lo expuesto en esta reflexión encuentra un punto de partida común y es la cultura de género latente en todas las sociedades contemporáneas. Esta tradición cultural ha sido construida por las personas a lo largo de los siglos, pues “la cultura no hace a la gente, la gente hace la cultura” (Adichie, 2013) y es aquí donde se deben dirigir todos los esfuerzos. Siento que el feminismo esencial que cuestiona Roxane Gay se queda anticuado para seguir liderando a las generaciones actuales y este debe de transformarse y ser mucho más inclusivo, deben de dejarse atrás los juicios morales aplicados sobre las mujeres y las expectativas sobre las aliadas feministas que reinan dentro del propio movimiento. Todo esto con el objetivo de combatir todo aquello que nos separa y aleja, de modo que todo un colectivo unido sea capaz de derrocar con fuerza  la segregación por géneros que nos oprime a todas y cada una de nosotras, sin tener en cuenta las diferencias que nos definen.

Bibliografía

Adichie, C. N. (2014). We should all be feminists. Vintage.

Gay, R. (2015). Mala feminista. Capitán Swing.

Gómez, D. (2012). Mi cuerpo es un territorio político. Antipersona.

Olid, B. (2017). Feminisme de butxaca, Kit de supervivència. Angle editorial.

Pato, I. (2016). Una mañana con Bad Gyal, la estrella emergente del dancehall/trap en catalán. [Online] Play Ground. Disponible en: https://www.playgroundmag.net/now/Bad-Gyal-Trap-Dancehall-catala_22662354.html [Acceso: 15 de junio 2019].