La relación entre la Iglesia y la mujer, parte según la historia religiosa de un evento desafortunado, en la que los escritores del relato no dudaron en poner como principal villana a una fémina…

La existencia de Eva, como primera mujer según la biblia, sintetiza el martirio y sufrimiento generalizado de las mujeres hasta el siglo actual. La iglesia la mostró como la timada, la que pecó, la que incitó y finalmente la culpable de la expulsión del hombre del paraíso. En la Biblia relata que el Dios de los cristianos le dedicaría estas palabras a las mujeres, Génesis 3:16: “Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.”

Empezaba así una historia de persecución, dolor y misoginia desde siglos a.C hasta nuestros días. Aunado, además a un perfilamiento de la mujer como virgen, madre, esposa, devota y subordinada del hombre. Sin embargo, desde el siglo pasado el feminismo ha alcanzado importantes logros que tuvieron como más férreos detractores los representantes de la Iglesia.

Si bien durante el siglo XIX y el XX existieron momentos importantes donde la iglesia accedió a algunas demandas del sexo femenino, en general estas excepciones solo tenían como objetivo mantener la estabilidad del sistema patriarcal instaurado desde siglos atrás.

 

 

A manera general podemos resaltar los siguientes tópicos como los más importantes de la relación iglesia-mujer durante los últimos siglos:

 

  • Educación:

En algunos países del mundo occidental, se empieza a entrever una apertura sistemática de la educación para la mujer a finales del siglo XIX. No obstante, recordemos que para esta época la influencia de la iglesia en el ámbito educativo era muy amplia. Por tanto, se definía a la mujer bajo un concepto funcional, su fin último era ser la facilitadora de la integración de la familia. Se vendía así una educación femenina orientada a enseñarle su misión en la vida, el cuidado de su familia y sus deberes domésticos. Nunca fue el objetivo de la Iglesia, educar a mujeres libres y académicas, sino alfabetizar a la mujer y adiestrarla en algunos quehaceres domésticos para el mejor funcionamiento del hogar y de la familia.

Para medir la postura de la Iglesia con este tema, basta rescatar unas palabras vociferadas por el obispo colombiano José Romero, en una Pastoral de 1876 donde decía, “La que no conoce sus deberes religiosos, la que no comprende el mérito de la virtud, ¿cómo podrá ser buena esposa y educar a sus hijos, inculcándoles sentimientos verdaderamente cristianos, indispensables para que más tarde, sirvan como de núcleo a las obligaciones que tendrán que cumplir en la escala social?”.

 

  • Sufragio:

La defensa de los intereses de la Iglesia jugó un papel fundamental en la incorporación de la mujer en la esfera política. Recordemos que, con el redimensionamiento social de finales del siglo XIX, las mujeres de clase alta en su mayoría católicas, se hicieron cargo de la beneficencia y la caridad, y desde esa posición exigían mejores condiciones para sus pares. Por su parte, las mujeres clase media y baja debieron participar en el mundo laboral para sustentar su hogar, y entendieron que debían hacer valer sus derechos. La conjunción de estos dos sectores impulsaría el movimiento sufragista femenino que sorprendió al mundo con sus masivas convocatorias.

 

Nerea Aresti, escribió en su libro Los argumentos de la exclusión. Mujeres y liberalismo en la España contemporánea que “la llamada de Benedicto XV, en 1919, a la participación política activa de los católicos, también de las mujeres, animó a la organización de asociaciones feministas católicas y legitimó el recurso al voto femenino por parte de estos sectores”. El interés final de la iglesia, considerando su gran influencia en las mujeres de clase alta, era contar con su voto conservador, logrando así en los primeros años agudizar el poderío del ala conservadora en la esfera política.

 

  • La píldora anticonceptiva:

Este tópico, hasta el día de hoy se mantiene como uno de los mayores desaciertos de la iglesia en cuanto al libre desenvolvimiento de la vida sexual de la mujer. En los años 60 del siglo XX, en el marco de la aparición de la píldora anticonceptiva la iglesia condenó su uso, señalándolo de inmoral. Para aquel entonces, el papa Pablo VI publicaría su encíclica “Humanae vitae”.

Básicamente, en esta encíclica se propuso como lícito el uso de los métodos naturales para espaciar temporalmente los nacimientos, esto significaba que las relaciones sexuales entre cónyuges debían limitarse a los períodos naturales de infertilidad de la mujer.

Los grandes “preocupaciones” de la iglesia eran las siguientes: posible aumento de la infidelidad conyugal; desmerecimiento por el respeto a la mujer que podría llegar a ser considerada como un mero objeto de placer; y adicionalmente, se “permitiría” a algunos estados la posibilidad de intervenir en temas íntimos de la pareja.

No se consideró lo que sentía la mujer ni de los beneficios que podía traer este método a su vida. Las palabras del papa en su encíclica mostraron claramente la posición de la iglesia católica la cual no ha cambiado ni un poco hasta nuestros días: “La misión recibida de Dios… exige de las personas casadas una creciente consciencia de sus responsabilidades tanto humanas, como cristianas, en la transmisión de la vida”.

Y aunque estas declaraciones fueron rechazadas abiertamente por muchos grupos de católicos, al día de hoy el Papa Francisco sostiene la postura de la iglesia sobre los métodos anticonceptivos artificiales indicando en lenguaje llano que: “Prohibir los anticonceptivos no significa reproducirse como conejos”, menospreciando una vez más el uso de métodos artificiales y su promoción en la educación sexual.

 

 

  • Despenalización del aborto:

La punta de lanza de las exigencias feministas latinoamericanas. La lucha entre la Iglesia y el movimiento proabortolegal o proelección ha sido recurrente desde su legalización en varios países durante el siglo XX. La encíclica “Humanae vitae” del papa Pablo VI, también le dedico unas notas a este tema “la interrupción directa de un proceso reproductivo que ya haya iniciado” va en contra de las leyes morales cristianas. El aborto sostenía, debe eliminarse de manera absoluta, aún cuando sea por fines médicos.

Volvía a ser la mujer, como siempre para la iglesia, el último elemento a considerar. Las que no pueden decidir por su cuenta, y que tampoco tienen derecho sobre su propio cuerpo. Posterior, al manifiesto del papa Pablo VI, fueron varios los países que avanzaron sobre estos dogmas religiosos y aprobaron la despenalización del aborto, entre ellos Francia, con la Ley de despenalización del aborto en 1975, donde Simone Veil dio un discurso magistral a sus pares masculinos sobre la necesidad de la aplicación de la medida.

No obstante, 43 años después en varios países aún está latente la lucha por la aprobación de la despenalización. Recientemente fuimos testigos de cómo en Argentina, se perdió la oportunidad histórica de vencer los preceptos religiosos y morales tan arraigados en nuestra sociedad latinoamericana. Es increíble escuchar legisladores, con un discurso tan similar al del papa Pablo VI. Nos han vendido la despenalización del aborto como una suerte de herejía que atenta contra las buenas costumbres y valores de la familia cristiana, como una incitación a la infidelidad, y a la promiscuidad de la mujer.

 

Finalmente, lo que se oculta sobre la despenalización del aborto, como en todas las demás conquistas femeninas, es su poder para modificar el control social existente; de las mujeres por parte de los hombres, y que es ejecutado por instituciones regidas por hombres, históricamente con la Iglesia Católica a la cabeza de ellas.

No obstante, las luchas reivindicativas no han cesado, la muestra más fehaciente de esto es que el feminismo ha logrado consagrarse y ganar espacios cada vez más impensados para nuestras antecesoras, la perdida de la influencia de la iglesia en nuestras sociedades es cada vez más notoria, y abre espacio a generar un mundo más igualitario y justo para todos, no solo para las féminas.