Este mes tuvimos el lujo de leer y entrevistar a la autora del libro Follar y Comer Sin Culpas de María del Mar Ramón. Este libro también es comercializado como «Coger y Comer Sin Culpas».

Nos pareció un libro catártico, abrazador, y sumamente necesario para nuestra lucha feminista. Nos invita a deconstruir lo aprendido, reflexionar lo vivido, y cuestionar lo que por muchos años aceptamos como normal.

Es un relato en el que sin duda muchas, si no todas, nos vamos a ver reflejadas, pero que quizás no siempre nos atrevemos a decirlo en voz alta. La sociedad nos ha venido silenciando con la culpa y la amenaza de la vergüenza pública por siglos, y por eso es catártico y abrazador adentrarnos a esta historia. Es también un relato lleno de esperanza y fortaleza, algo que sin duda necesitamos cuando el peso de batallar por una sociedad más justa a menudo se siente insostenible.

El libro presenta la valiente y honesta voz e historia de María del Mar. A través de su experiencia propia, nos habla sobre los desafíos y desencuentros de navegar la sexualidad en esta sociedad machista. Con franqueza, nos cuenta sobre los trastornos de conducta alimentaria que vivió y cómo estos crecían con cada comentario que recibía sobre su cuerpo. No intenta convencer a nadie de seguir una teoría feminista al pie de la letra. En cambio, busca crear un espacio de debate y reflexión en torno a las experiencias personales, desde un feminismo inclusivo y accesible.

Sin más que agregar, les compartimos la entrevista con la autora, donde nos comparte un poco más sobre esta publicación, y sus perspectivas para seguir fortaleciendo nuestros caminos feministas.

¿Qué te inspiró a decidir escribir «Follar y comer sin culpa» y cuál consideras tu principal objetivo con este libro?

Yo escribí el libro durante el 2018, principalmente motivada por las conversaciones y discusiones que teníamos en aquel momento en argentina, debido a la presentación del proyecto de ley de aborto lega, que se aprobó finalmente dos años después. Mi inspiración principal fue la necesidad de leer algo con desparpajo, quizás con un tono más punk que lo que venía leyendo que se escribía en latinoamérica en aquellos años. Yo venía muy inspirada por Teoría kinkg kong, de Despentes y tenía muchas ganas de escribir y leer algo así, pero en español, con los problemas y los ejemplos de nuestra región y nuestras sociedades. De esa manera salió la urgencia de escribir ese libro. A su vez, mi objetivo era poder usar el humor y el tono que yo quisiera para narrar mis propias memorias de la violencia. Por ese entonces estaba (y sigo estando) agotada y frustrada de que se nos imponga ese tono solemne y pudoroso a quienes hemos sido víctimas de violencia sexual. De manera que parte del origen de este libro fue poder elegir mis propios términos para narrarme, sin temer al humor, ni a lo patético de la vida, aún cuando se está hablando de algo trágico.

¿Cómo cree que podemos las mujeres jóvenes empezar a deconstruir la culpa aprendida en torno a nuestros cuerpos y deseos?

Supongo que nombrándola, comprendiendo que la culpa frente al placer, cuando hacemos algo que nos genera mera satisfacción sin lastimar a nadie más, es un dispositivo aleccionador muy eficiente y cruel, que nos mantiene a las mujeres arrepentidas por vivir bajo nuestros propios términos. No sé cómo se erradica esa forma de policía interior, pero sí sé que las conversaciones, la posibilidad de hablar a viva voz sobre ese sentimiento y sobre todos los otros que nos quejan y que son tabú en nuestras vidas, es un mecanismo que puede hacer menor la culpa. Por ejemplo, yo no soy madre, pero participo y me fascino mucho por las conversaciones de maternidad de mis amigas con hijes, y creo que la maternidad es un lugar plagado de culpa para las mujeres. Todo lo que hacen o lo que no hacen es juzgado, observado, sancionado por el resto de la sociedad. Sometidas a una vigilancia permanente por una experiencia tan compleja y avasallante como la de maternar. Y me gusta participar de esas charlas escuchándolas, porque veo cómo hablar con otras mujeres sobre lo agotadora que es la culpa, soble lo difícil que es la maternidad, es una experiencia casi reconciliadora para muchas de ellas. 

En su opinión, ¿qué cambios sociales y culturales son necesarios para que las mujeres puedan realmente vivir sin culpa?

Demasiados. Creo que la culpa siendo algo como «un mal menor» de la cultura patriarcal, está muy vinculada con aquellas cosas materiales e «importantes» que construyen inequidades. Para que las mujeres sigan pariendo hijes que muchas veces ni desean, para fortalecer la mano de obra capitalista y desigual y para que ellas se encarguen de las tareas de cuidado sin remuneración, es necesario que sientan culpa si alguna vez se preguntan sobre sus deseos de vida, que sintamos culpa si no queremos tener hijes en el futuro, que sintamos culpa si no deseamos construir una pareja como la única forma de porvenir, que sintamos culpa ante cualquier pregunta que desafíe la norma sobre nuestras existencias. De manera que para que las mujeres podamos vivir sin culpa, nuestra identidad y nuestros cuerpos tienen que ser autónomos, nuestro salario tiene que ser el mismo por la misma tarea, nuestra sexualidad no puede ser castigada, nuestro cuerpo no puede ser una prenda de guerra y nuestras decisiones libres; entonces probablemente no nos castiguemos cada vez que hacemos o exigimos una de esas cosas. 

¿Cómo maneja las críticas y qué consejo tiene para aquellas jóvenes feministas que quisieran publicar sus experiencias similares pero temen los riesgos?

Creo que con los libros pasa algo particular: incluso si a alguien no le gusta lo que escribiste o se acerca a ello solo para criticarte, leer toma un tiempo, una atención y una dedicación que, aunque el resultado sea que esa persona odió tu texto, siempre es halagador que alguien se tome el trabajo de leerte. Por eso creo que cualquier debate sobre las obras editoriales, hasta cuando se tiene en los peores términos, es un debate de alguna forma constructivo y nutritivo. Sin embargo, creo que las redes sociales hacen exactamente lo contrario: reducen cualquier discusión a un término esencialista y chato, donde es muy difícil encontrar hoy en día una crítica que tenga la intención de ampliar la discusión y argumentar o leer argumentos. De manera que, como creo eso de twitter específicamente y como no me interesa hacer parte de ningún debate que se de allí, ni con mi opinión ni con nada mío que se discuta en ese territorio, no estoy en esos espacios. No lo leo, no lo habito, no lo frecuento y no me interesa. Valoro mucho a las compañeras que dan disputas en twitter, creo que es importante porque evidentemente mucho de nuestro tiempo se juega allí, pero tomo la decisión de no hacerlo yo y creo que una está en completo derecho de elegir en qué terreno quiere leer o esgrimir críticas sobre las palabras de otros y otras, y pues ese no es el mío. 

Mi consejo es que consideren los riesgos fuera de la esfera de internet, porque los hay, sin duda, pero no son solo los que parecen en esas redes sociales y no importa únicamente lo que pase allí, y que se animen a leer, escuchar y escribir sin vergüenza alguna. Nada interesante a nivel literario sale de escribir con pudor o posando. 

¡Mil gracias a María del Mar por compartir tan generosamente con nuestra comunidad!

Este el primero libro del sello editorial U-Tópicas, y esperaremos con ansias los próximos. Mucha falta que hace seguir creciendo la literatura feminista, accesible y en nuestro idioma.

No qued más que invitarles a que leen este poderoso libro. Lo pueden encontrar en múltiples librerías físicas y virtuales en América Latina y España, y también está disponible en Amazon.

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