El tráfico de mujeres en América Latina con fines de explotación sexual es una crisis silenciosa que afecta a cientos de miles de mujeres y niñas. 

En los últimos años en nuestra región de América Latina, uno de los grupos más vulnerables en esta red de explotación son las mujeres venezolanas, quienes, empujadas por la crisis política, económica y humanitaria del país, se ven forzadas a migrar en busca de seguridad y oportunidades para subsistir. 

La crisis humanitaria venezolana y la vulnerabilidad de las mujeres migrantes

Desde el inicio de la crisis en Venezuela, más de 7.9 millones de personas han dejado el país. De este número, una gran cantidad son mujeres jóvenes, quienes, debido a la falta de recursos, redes de apoyo y protecciones legales, se convierten en presas fáciles para las organizaciones criminales que operan en la región.

La OIM estima que más de 4,000 mujeres y niñas venezolanas han sido víctimas del tráfico de personas desde el inicio de la crisis en 2014, aunque estas cifras solo representan una fracción del total, ya que muchos casos no son denunciados o no llegan a las autoridades debido a la naturaleza clandestina del tráfico.

Colombia: Un destino clave para el tráfico de mujeres venezolanas

Uno de los principales destinos de las mujeres venezolanas es Colombia, un país que ha recibido a más de 2.5 millones de migrantes venezolanos desde el comienzo de la crisis. Sin embargo, este flujo masivo de personas ha generado un aumento en los casos de tráfico de mujeres con fines de explotación sexual.

Un informe del Centro de Memoria Histórica de Colombia revela que el 71% de las víctimas de trata de personas identificadas en Colombia en 2020 eran mujeres, y la mayoría de ellas eran migrantes venezolanas. Muchas de estas mujeres son captadas en la frontera o en las ciudades más cercanas, donde se les ofrecen empleos falsos o promesas de mejores oportunidades, solo para ser obligadas a trabajar en la prostitución o en condiciones de esclavitud moderna.

Las ciudades de Cúcuta, en la frontera, y Bogotá se han convertido en centros neurálgicos de esta actividad delictiva. Las redes de tráfico operan a través de estructuras bien organizadas que atraen a mujeres vulnerables mediante engaños, las trasladan a otras ciudades o países, y las explotan, controlando todos los aspectos de sus vidas mediante violencia física y psicológica.

Trinidad y Tobago: Sumando la barrera del idioma

Otro país que ha experimentado un alarmante aumento en el tráfico de mujeres venezolanas es Trinidad y Tobago. En los últimos años, la isla ha visto un flujo significativo de migrantes venezolanos, y con ello un aumento en los casos de tráfico de personas.

Un informe de Human Rights Watch documenta cómo mujeres y niñas venezolanas son víctimas de explotación sexual en la isla. Muchas son llevadas a Trinidad y Tobago bajo la promesa de empleo en restaurantes o tiendas, pero al llegar, sus documentos son confiscados y son obligadas a trabajar en la prostitución para pagar deudas con las redes criminales que las transportaron. A menudo, las mujeres son sometidas a amenazas de violencia y deportación si intentan escapar o denunciar.

Brasil: Tráfico y explotación en la frontera norte

La frontera entre Venezuela y Brasil también se ha convertido en un punto crítico para el tráfico de mujeres. Roraima, el estado brasileño más al norte, es uno de los principales destinos para los migrantes venezolanos, y allí se han documentado numerosos casos de mujeres y niñas siendo forzadas a trabajar en la prostitución.

Un informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) describe cómo los traficantes utilizan la vulnerabilidad de las mujeres migrantes para explotarlas sexualmente. En muchos casos, las mujeres y niñas son reclutadas bajo falsas promesas de trabajo o ayuda, y luego son llevadas a campamentos o bares en la frontera donde son obligadas a ofrecer servicios sexuales.

La explotación sexual de mujeres y niñas venezolanas en Brasil ha generado una respuesta humanitaria por parte de organizaciones internacionales, pero las condiciones en las que viven estas mujeres siguen siendo extremadamente precarias. El ACNUR ha implementado programas de protección y asistencia, pero la demanda de ayuda supera ampliamente los recursos disponibles.

México: Un país de tránsito y destino para el tráfico de mujeres

México también es un destino y punto de tránsito clave para las mujeres venezolanas víctimas de tráfico. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) reporta que el país sigue siendo un centro de explotación sexual y laboral de mujeres migrantes, incluyendo a venezolanas. En ciudades fronterizas como Tijuana y Ciudad Juárez, así como en destinos turísticos como Cancún y Playa del Carmen, se han identificado casos de mujeres venezolanas captadas por redes de trata con falsas promesas de empleo.

Un informe de la Fiscalía General de la República (FGR) reveló que entre 2019 y 2022 se abrieron más de 500 investigaciones sobre tráfico de personas en México, muchas de las cuales involucraban a mujeres migrantes venezolanas. Estas mujeres son a menudo forzadas a trabajar en la prostitución bajo amenazas de carteles criminales. Además, la frontera sur, particularmente en estados como Chiapas y Tabasco, es un punto crítico donde las mujeres migrantes, incluidas venezolanas, son captadas y hasta secuestradas por redes de trata y luego trasladadas a otras partes del país o hacia los Estados Unidos.

Un llamado a la acción

El tráfico de personas es una forma brutal de violencia de género que no puede seguir siendo ignorada. Exigimos mayor esfuerzo de gobiernos y organizaciones humanitarias nacionales e internacionales para atender la crisis silenciosa de tráfico de personas migrantes.