Hace un par de días, una conocida estaba muy feliz: había conseguido un trabajo como modelo de una marca reconocida. Todo había salido hermoso: las fotos, los videos, las publicaciones en redes sociales.

Ella se sentía realmente orgullosa de su trabajo; sabía lo mucho que había trabajado para llegar hasta ahí.

Pasaron solo un par de horas desde que la marca publicó su foto y llegó un comentario…

Captura de pantalla de un comentario en redes sociales que dice: Esta chama le mamo el NEPE a un pana en el estacionamiento (censuraNadie pidió ese comentario, no tenía ninguna relevancia con la marca ni con la imagen; sin embargo, ahí estaba.

Una afirmación violenta, fuera de lugar y completamente desvinculada del contexto del post. Una publicación profesional, de trabajo, convertida en el escenario de una agresión machista disfrazada de burla.

Un amigo en común me envió el mensaje ¡con un emoji riendo!

Eso desató una conversación entre nosotros sobre el pacto tácito que existe en el patriarcado y que, según él, “no sabía que existía”.

a woman with a nose ring is holding a pair of scissors and says me esta jodiendo pantaya

Me pregunto: ¿qué objetivo tenía esta persona de relatar algo así? Primero, de una manera tan violenta, colocando ese comentario sobre una publicación de una marca de ropa a la que acceden miles de personas y sobre una mujer que está trabajando.

Además, deja al descubierto la doble moral machista que convierte la vida sexual de una mujer en motivo de humillación, mientras que, si se tratara de un hombre, los mismos actos serían celebrados como prueba de virilidad o éxito

¿Y qué les pasa por la cabeza a quienes los fomentan ? Es que acaso van a pretender que nos saben que publicar ese tipo de “detalles” sobre la vida sexual de una mujer, en esta sociedad machista, y especialmente en un espacio público vinculado a su trabajo, tiene consecuencias negativas reales.

Muchos dirán: “a palabras necias, oídos sordos”. Pero no decir nada sobre esto es aceptar el mismo pacto patriarcal que venimos tolerando y permitiendo desde siempre.

Ese pacto en el que, entre complicidades y silencios, se sostienen la violencia y los abusos.

¿Dónde están los que dicen “no somos todos los hombres” cuando ven algo así y no dicen nada? Se ríen, ignoran o aplauden a un idiota que cree que puede escribir cualquier cosa sobre una mujer sin importarle las consecuencias.

Lamentablemente no son casos aislados.

Venimos viendo casos escalofriantes en los que esta complicidad permitió atrocidades: 51 hombres violando a una mujer inconsciente en España, o más de 30.000 italianos compartiendo fotos íntimas sin permiso en grupos de Telegram, violando sistemáticamente la privacidad de sus parejas.

Según ONU Mujeres, el 45% de los hombres reconoce haber presenciado comportamientos machistas o violentos entre amigos o colegas y no haber intervenido.

Lo que les relato, aunque en una escala mucho más pequeña —un incel que se cree con el derecho de opinar sobre una mujer que está haciendo su trabajo, solo porque puede—, también es violencia. Y no decir nada es seguir firmando ese pacto patriarcal.

La vergüenza y la burla no deberían recaer sobre nosotras; deberían recaer sobre el agresor. Debemos plantarnos, denunciar y decir basta. Aquí seguiremos unidas y fuertes.

Y solo espero que esos hombres que dicen “no todos somos iguales” tengan la valentía de ponerle límites a los hombres a su alrededor cuando hay que hacerlo. Que tengan el coraje de señalar y detener a quienes agreden, dejando de normalizar la violencia.

Porque la tolerancia a este pacto tácito patriarcal ¡no va más!